Análisis
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El tres de mayo de 1808 en Madrid, de Francisco de Goya

 

1814
Óleo sobre tela
260 x 345 cm
Museo del Prado de Madrid

 

Goya pinta esta obra por iniciativa propia seis años después del dramático suceso que ilustra: la ejecución de los prisioneros madrileños sublevados un día antes contra el gobierno de Napoleón Bonaparte, prendiendo así la mecha de la Guerra de la Independencia.

 

Por su composición y factura, el cuadro logra, sin embargo, trascender el suceso histórico o el homenaje patriótico, para convertirse en un alegato universal contra la irracionalidad humana, de amplia influencia posterior. La crueldad se encarna aquí en el grupo de soldados como una fuerza ciega y anónima capaz de aniquilar mecánicamente las individualidades, mucho mejor dibujadas, del grupo de las víctimas.

 

Con éste y otros cuadros posteriores, especialmente las llamadas pinturas negras, Goya se convierte en el gran precursor del expresionismo en pintura.

 

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